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    <title>Al alba (novela en red)</title>
    <tagline>Novela en red por entregas, Igual que un folletin del s. XIX</tagline>
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        <title>Capitulo Ii ( y VI)</title>
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        <summary>Llevaban ahí poco tiempo y trabajaban a destajo. Emma seguía con lo suyo en la Fundación ( no sabían como, pero Vaghaman había logrado firmar un convenio con ellos, cosa que ninguna empresa privada había hecho antes), pero se pasaba todas las tardes de 4 a 8 delante del ordenador transcribiendo los documentos que Daniel y Lydia lograban encontrar en los archivos. En una de esas tardes, se dieron cuenta de algo muy importante. Al trnascibir todos los documentos relacionados con las pupilas de las casas de placer (así lo estipulaba el documento) de la calle Maravillas...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-...la tal Micaela López no aparece en ninguna de ellas- completó la frase casi sin inmutarse.- Daniel tiene toda la razón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Emma, revisa- dijo  distraídamente mientras mordisqueaba una pasta de té.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Llevo revisando cerca de dos semanas la lista de los médicos de higiene y nada.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;-No olvides no puede que no todas estuvieran controladas por sanidad. Hay nombres de...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pueblos... -puntualizó Daniel- los pueblos de las chicas que eran raptadas o entregadas a la madame. El pueblo de Micaela no aparece por ninguna parte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿ Y no puede ser que... ?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Imposible después de que el yerno del alcalde pillara la sífilis unos 10 años atrás del periodo estudiado. No veas el rebote que se pilló cuando se la pegó- las dos le miraron estupefactas y él se puso muy colorado- Bueno... yo... he estado investigando un poquito... la época, la ciudad... para saber donde buscar...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lydia miró a Emma. Daniel era un As, no se le escapaba una. Aunque en un principio había incorporado al equipo para fastidiar, había resultado ser muy eficiente. La empresa en general y Víctor en particular habían cometido el error de dejarle ir. Se notaba que había estado en las clases de un afamado profesor muy meticuloso en sus años de Universidad. Y que, al acabar el doctorado, muchas se lo rifaban. Estaban convencidas de que, si ninguna mano negra hubiera intervenido, ahora tendría un futuro un poco mejor que al que le condenaron. Menuda red de contactos debía tener los socios.</summary>
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        <title>Capitulo II( parte V)</title>
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        <summary>La idea de Daniel de montar el cuartel general de operaciones en casa de Emma fue un acierto total. Lidia era la más reticente: sospechaba que sería una molestia para ella y sus compañeros de piso, pero la interesada lo negó. ¿Qué mejor manera de ocultarse que en una casa particular?. Y de inconvenientes, nada. La estructura de la casa permitía no molestar a nadie. Además, si era cierto lo que sospechaban, no habría problemas de robos de documentos. Si alguien intentaba entrar sería fácilmente descubierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;	 Lidia no paró de refunfuñar hasta que entró por primera vez en el edificio. Era un antiguo palacete señorial del siglo XVIII reformado a mas no poder. Antes de llegar a la habitación que les habían destinado tenían que franquear tres puertas: la de la calle, la del patio interior posterior ( Emma le había comentado que su piso sería parte de los aposentos de los criados) y la del portal. Cada una con su llave. Una vez dentro, subieron a la tercera planta y llegaron al piso tras sortear un laberinto de complicados pasillos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;	Al abrir la puerta, vio que el despacho era una habitación amplia al lado de la escalera por la que se accedía a un piso superior, donde estaban el resto de las habitaciones. La ventana daba a la calle. Estaba decorada con unas cortinas que no dejaban adivinar lo que había detrás de ellas. Los muebles eran pocos: una mesa de despacho, dos o tres sillas, una mesa para un ordenador y un sillón desvencijado. Falta el baño, pensó, pero este existía, al lado de la escalera. Se le habían acabado las excusas. Además otro punto a favor del sitio era que la puerta del despacho también tenía su propia llave. Daniel no entendía tantas precauciones, pero Lidia sí. Aún recordaba cuando el barrio era comparado con el Bronx, por muy de clase media alta que se hubiera convertido años atrás.  Tan solo debían colaborar con los gastos de la casa,  y pagar un alquiler testimonial. El casero había insistido en ello. Emma había tenido razón al describirlo como un buen hombre y lo había confirmado Pedro,  su compañero de piso.</summary>
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        <title>Capitulo II (parte IV)</title>
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        <summary>Hacía unos meses, la tia, sin mediar provocación alguna, insultó  a una turista. La persiguió durante el tiempo que estuvo allí, diciendo que venía a robarles su herencia. Mas tarde, se enteró quien era y redobló sus ataques. La guardia civil le dio un aviso, pero fue demasiado tarde. La chica no había puesto ninguna denuncia, pero alguien  estaba moviendo hilos para incapacitarla por vía judicial. Según ella, eso no se podía consentir, había que machacar a aquella familia por quererse apoderar de una herencia que no le correspondía. Seguro que se habían enterado que tenían derechos en ese pueblo y sobre todo al dinero (insistió varias veces en ello. Intentó sosegarla con buenas palabras, pero ella le convenció que el nadie debía de enterarse del asunto familiar y menos apoderarse de su dinero. Le dijo que, si no evitaba que se apoderase de su herencia, ella no le ayudaría a casarse con Elenita. Él dijo que se encargaría del asunto y colgó maldiciendo a su tía por tener que resolverle sus problemas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;	Había una cosa que a Víctor no le cuadraba: a quien  podrían interesarle a unos pocos miles de euros y una casa solariega en un pueblo perdido de España. Pero ahora, para él era más importante  que fracasara en el intento. Así la tia podría finalizar sus días tranquila, malgastando la herencia de Ignacio y de la que él se ocuparía de administrar a su muerte. Se casaría con Elenita y mas adelante se vengaría de su ex y sus antiguos subordinados. Se enterarían de una vez por todas de las consecuencias de ponerse en medio del camino de Víctor  Barcenal.</summary>
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        <title>Capitulo II (parte III)</title>
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        <summary>De ella le vino la idea de casarse con su prima Elena, mas interesada en ser una pianista famosa que una madre de familia. Todos esperaban que fuera una afición pasajera y Víctor decidió  no perder el tiempo y empezar a salir con otras chicas, por diversión, a la espera de que la niña se cansase del piano. Pero la cría no se cansó y logró ingresar en el Conservatorio Superior de Salamanca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;	A pesar de que los padres de Elena le advirtieron en repetidas ocasiones que se olvidara de ella y que sus padres le aconsejaron consolidar su relación con Emma ( por aquellas fechas su novia oficial), él no se daba por vencido. La tía de su madre siempre lograba lo que se proponía, se dijo. De allí que consideró un mal menor su ruptura, hasta que ella logró éxito. Intentó, apoyado por su tía abuela, desacreditarla, pero sus esfuerzos cayeron en saco roto. A ninguno se le ocurrió que en la Fundación Rey Sabio se valoraba mas el currículo y los hechos tangibles a las habladurías de sobremesa y meriendas y juergas varias con empresarios enriquecidos gracias al expolio. Y así quedo la cosa. Y así empezó a acumular ocio hacia aquella persona que había cometido el delito de pensar que era un ser humano falto de cariño. La tía  alimentó el odio de su sobrino. Era consciente de que tan solo podía manejarlo a su antojo si le convencía de su superioridad sobre el resto de los mortales. Ella no quería que la herencia pasara a manos ajenas a la familia. Y, como era la de mas edad, podía dirigir el destino de todos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;     Tras colgar a su padre, Víctor a la llamó a casa. Sin que le comunicara el motivo de la llamada, la vieja empezó a despotricar contra toda la familia. Por culpa de la herencia del tío Ignacio, decía, si se hubiesen callado tan y como ella se lo pedía, ahora no habrían perdido todo, incluido el poder que ejercían sobre el pueblo. Había ocurrido algo relacionado con el secreto. No podía relevarle algo, pero afectada a su herencia. No entendió nada, la vieja hablaba muy deprisa u a gritos, sin vocalizar. Fue justo en ese instante cuando, por un momento, pensó que quizás tenía razón su madre cuando decía que la tía debía estar bajo tratamiento desde hacía tiempo. Y más desde que se enteró de lo que hizo.</summary>
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        <title>Capitulo II ( parte II)</title>
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        <summary>Era su padre, que le pedía que hablara con el único miembro de la familia con quien mantenía buenas relaciones. Su tía abuela, la solterona, había metido cometido otra barbaridad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    Vivía sola en la casona familiar del pueblo, vestigio de los tiempos en que ellos eran los caciques. Ahora se mantenía a duras penas, a pesar de su gran patrimonio. En los buenos tiempos, cuando Víctor era pequeño, esa casa estaba llena de familiares que vívian alrededor del jefe del clan. Entre ellos un matrimonio mal avenido que solía amargar las fiestas con sus discusiones. Normalmente, ella se iba llorando hacia sus habitaciones y su bisabuelo junto con la tía arrastraban al tío Ignacio, su hermano, al despacho. Allí creían que los niños no escucharían los reproches que le dirigían. Falso error: el resto de la familia, niños incluidos, escuchaba la conversación desde el pasillo adyacente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;	Un día de Navidad la mujer se ahorcó. Nada mas descubrir su cavader, el tío Ignacio se marchó de casa para siempre. Mientras se alejaba, no paraba de maldecir a todos, sobre todo a su hermana. No volvieron a saber de él hasta años mas tarde, cuando falleció en un convento de Jerónimos de una provincia remota. A pesar de las disposiciones del testamento, se apoderó de una herencia que no le correspondía. Eso fue el motivo por el que rompió relaciones con toda la familia tras una amarga discusión en la que se aludió a un terrible secreto que, salvo ella, el resto quería olvidar. Tan solo mantenía un breve contacto por carta con la madre de Víctor, mas por pena que por verdadero cariño.  Él lo continuo por fastidiar a sus padres. Y era el único al que la vieja tenía algo de cariño.</summary>
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        <title>Capitulo II</title>
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        <summary>Habían pasado dos meses desde que Lydia dejó la empresa. En ese tiempo, había sufrido una reestructuración profunda que la salvó de la bancarrota. Se habían suprimido departamentos ( entre ellos el de Gestión y Patrimonio Cultural) pero eso no había implicado que Víctor quedara en el paro. Ahora dirigía otro departamento (aunque los socios eran los que tomaban las decisiones más importantes).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Pero no podía olvidar sus ansias de venganza, sobre todo de Lydia, de la que culpaba de todo lo sucedido. Había intentado desbaratar el proyecto, pero, a pesar del dineral que había gastado en agencias de detectives, no lo logró. Intento averiguar si Emma y Daniel seguían trabajando en sus empleos, pero la Fundación Rey Sabio era muy reacia a dar explicaciones sobre sus empleados y la librería seguía abierta en el horario habitual. El investigador privado solo pudo averiguar que el segundo trabajaba, pero no pudo saber donde. Sospechaba que el americano bastardo de mierda había blindado todas sus operaciones sobre ese asunto. Seguro que tenían una oficina como base de operaciones. Pero cuando veía los informes que cada dos semanas le pasaban, no veía nada. Ni oficina, ni rastro del trabajo que en teoría debían estar realizando. Del registro del despacho de Gutiérrez Abogados no salieron los resultados esperados. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;	Se dijo por enésima vez que lo que debía contratar a otra agencia de detectives más eficiente. Si destrozaba la investigación demostraría al yanqui de mierda que no podía hacer nada en esta provincia sin tener buenas relaciones con gente del Cambrigde, la elite del país, tal y como rezaba el lema del colegio. Se engañaba intentando auto convencerse que era una cuestión de clase. De repente, sonó el teléfono</summary>
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        <title>Capitulo I ( fin del capitulo)</title>
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        <summary>-¡ Por tu culpa!- Bramó Víctor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ha llegado la hora de dimitir, pensó Lydia&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡ Deberías haberte callado, estúpida!- Vomitó De la Vega&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un comentario típico del Cambridge, fue la frase que se formó en el cerebro de ella&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡ Si no fuera por mí aún estarías dando clase y amargada de la vida!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y si yo no te dejara copiar, aun rondarías por la Universidad, pedazo de idiota. Iba a recordárselo, pero se detuvo. Calma, se dijo. Sal con la cabeza bien alta. Muy tranquilamente, se dirigió a ellos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sé que andabais detrás de mi cabeza desde hace tiempo. Os facilitaré las cosas. Me voy. Mi renuncia os la entrego en media hora. En dos como mucho, dejo limpio el despacho y me largo para siempre. No os preocupéis por el finiquito, no os lo voy a reclamar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿ Y adonde vas ahora, gilipollas?- dijo Víctor haciéndose el gallito y levantando el puño en plan amenazador.&lt;br /&gt;-	Cuidadito con lo que haces. ¿ Tu virginal prima sabe lo de tus secretarias y las becarias?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lydia salió como una flecha sin esperar respuesta. Entro en su despacho, redactó la dimisión y destruyó todos los papeles del caso. No quería dejar pistas. Luego recogió sus efectos personales. En media hora salió por la puerta principal ante la estupefacta mirada del personal administrativo. Tan solo el guarda de seguridad le deseo un buen día.</summary>
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