sábado, 02 de febrero de 2008

Capitulo II( parte V)

La idea de Daniel de montar el cuartel general de operaciones en casa de Emma fue un acierto total. Lidia era la más reticente: sospechaba que sería una molestia para ella y sus compañeros de piso, pero la interesada lo negó. ¿Qué mejor manera de ocultarse que en una casa particular?. Y de inconvenientes, nada. La estructura de la casa permitía no molestar a nadie. Además, si era cierto lo que sospechaban, no habría problemas de robos de documentos. Si alguien intentaba entrar sería fácilmente descubierto.

Lidia no paró de refunfuñar hasta que entró por primera vez en el edificio. Era un antiguo palacete señorial del siglo XVIII reformado a mas no poder. Antes de llegar a la habitación que les habían destinado tenían que franquear tres puertas: la de la calle, la del patio interior posterior ( Emma le había comentado que su piso sería parte de los aposentos de los criados) y la del portal. Cada una con su llave. Una vez dentro, subieron a la tercera planta y llegaron al piso tras sortear un laberinto de complicados pasillos.


Al abrir la puerta, vio que el “despacho” era una habitación amplia al lado de la escalera por la que se accedía a un piso superior, donde estaban el resto de las habitaciones. La ventana daba a la calle. Estaba decorada con unas cortinas que no dejaban adivinar lo que había detrás de ellas. Los muebles eran pocos: una mesa de despacho, dos o tres sillas, una mesa para un ordenador y un sillón desvencijado. Falta el baño, pensó, pero este existía, al lado de la escalera. Se le habían acabado las excusas. Además otro punto a favor del sitio era que la puerta del despacho también tenía su propia llave. Daniel no entendía tantas precauciones, pero Lidia sí. Aún recordaba cuando el barrio era comparado con el Bronx, por muy de clase media alta que se hubiera convertido años atrás. Tan solo debían colaborar con los gastos de la casa, y pagar un alquiler testimonial. El casero había insistido en ello. Emma había tenido razón al describirlo como un buen hombre y lo había confirmado Pedro, su compañero de piso.
Publicado por Dioscodos @ 10:55 | Enviar