domingo, 20 de enero de 2008

Capitulo II (parte III)

De ella le vino la idea de casarse con su prima Elena, mas interesada en ser una pianista famosa que una madre de familia. Todos esperaban que fuera una afición pasajera y Víctor decidió “ no perder el tiempo” y empezar a salir con otras chicas, por diversión, a la espera de que la niña se cansase del piano. Pero la cría no se cansó y logró ingresar en el Conservatorio Superior de Salamanca.

A pesar de que los padres de Elena le advirtieron en repetidas ocasiones que se olvidara de ella y que sus padres le aconsejaron consolidar su relación con Emma ( por aquellas fechas su novia oficial), él no se daba por vencido. La tía de su madre siempre lograba lo que se proponía, se dijo. De allí que consideró un mal menor su ruptura, hasta que ella logró éxito. Intentó, apoyado por su tía abuela, desacreditarla, pero sus esfuerzos cayeron en saco roto. A ninguno se le ocurrió que en la Fundación Rey Sabio se valoraba mas el currículo y los hechos tangibles a las habladurías de sobremesa y meriendas y juergas varias con empresarios enriquecidos gracias al expolio. Y así quedo la cosa. Y así empezó a acumular ocio hacia aquella persona que había cometido el delito de pensar que era un ser humano falto de cariño. La tía alimentó el odio de su sobrino. Era consciente de que tan solo podía manejarlo a su antojo si le convencía de su superioridad sobre el resto de los mortales. Ella no quería que la herencia pasara a manos ajenas a la familia. Y, como era la de mas edad, podía dirigir el destino de todos.

Tras colgar a su padre, Víctor a la llamó a casa. Sin que le comunicara el motivo de la llamada, la vieja empezó a despotricar contra toda la familia. Por culpa de la herencia del tío Ignacio, decía, si se hubiesen callado tan y como ella se lo pedía, ahora no habrían perdido todo, incluido el poder que ejercían sobre el pueblo. Había ocurrido algo relacionado con el secreto. No podía relevarle algo, pero afectada a su herencia. No entendió nada, la vieja hablaba muy deprisa u a gritos, sin vocalizar. Fue justo en ese instante cuando, por un momento, pensó que quizás tenía razón su madre cuando decía que la tía debía estar bajo tratamiento desde hacía tiempo. Y más desde que se enteró de lo que hizo.
Publicado por Dioscodos @ 12:07 | Enviar