domingo, 18 de noviembre de 2007

Capitulo I (parte XI)

La reunión con el abogado se aplazó unos días. Para ganar tiempo, Daniel se puso a trabajar y no dio señales de vida hasta una hora antes del encuentro. Con los datos impresos y sin leerlos, Lydia se dirigió a la sala de reuniones. Una vez ahí, se sentó enfrente del abogado del yanqui. Víctor y un socio del que no recordaba el nombre, estaban a su derecha e izquierda, respectivamente.



Al poco rato, desconectó y se puso a mirar el cuadro de la pared, mientras pensaba en otras cosas.


“Convencer a Daniel para que volviera a trabajar con ellos fue más fácil que soportar esto”, pensó. “No necesito oír lo que están diciendo. Víctor está soltando su discursito de los honorarios de la empresa, el otro habla de tarifas, el abogado de plazos... Me siento defraudada. Creí que yo trataría directamente con él y no tendría que soportar interferencias. Ahora esto se reduce a una transacción comercial, que si yo te doy, tu me entregas... Y luego me van a ordenar que mire en un diccionario de heráldica el escudo que encaje con la descripción del pueblo y el apellido de la chica. Y tutti contenti. El yanqui tiene su escudo para poner en su casa de los Ángeles. Ellos tienen la pasta. Y yo me sentiré como una boba, pero podré irme de aquí cuanto antes. Me la han vuelto a jugar. Lo tenían planeado desde un principio: un yanqui con pretensiones de nobleza que oye que Lydia Varela es buena investigadora ( quizá aconsejado por alguien de la Universidad que da conferencias en Estados Unidos) busca la empresa que estoy currando y pone esa condición. Me engañan y luego exprimen al yanqui. Muy astuto. Eso es lo que enseñan en el Cambrigde.”
Publicado por Dioscodos @ 14:54 | Enviar